La soledad en la vastedad de la gran ciudad se asemeja a estar afuera, en el frío de una noche interminable. Los rascacielos se erigen como testigos indiferentes mientras uno se sumerge en el laberinto urbano, rodeado de luces que destellan pero no calientan. El aislamiento en un paisaje de hormigón y acero, donde la sensación de pertenencia se disuelve en la neblina de una noche solitaria.