Las casas, lejos de ser refugios reconfortantes, pueden transformarse en espacios opresivos. Los apartamentos reducidos pueden parecer cajas que aprisionan emociones, donde la falta de luz natural y la monotonía de la vida cotidiana pueden desencadenar una sensación de ahogo emocional.

Además, la desconexión de la naturaleza en entornos urbanos puede intensificar esta melancolía. La ausencia de áreas verdes o la presencia limitada de espacios naturales puede provocar una sensación de desarraigo y anhelo por una conexión más profunda con la tierra y la tranquilidad que ésta ofrece.